Il Giardino della Vita
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Crítica del Concierto de apertura de la 56 edición de la Semana de Música Religiosa de Cuenca, donde actuaron como intérpretes nuestros chicos de la Escolanía Ciudad de Cuenca.

Os dejamos el enlace y transcribimos la nota de prensa íntegra

Audioclásica

56 EDICIÓN SMR. CONCIERTO 1. TEATRO AUDITORIO.

RAFA NÚÑEZ, actor. EVA HIGUERAS, actriz. MARGA RODRÍGUEZ, soprano. MARIO SÁNCHEZ, solista. ARTURO TAMAYO, director musical. ALBERTO JONA, director de escena. CONTROLUCE. TEATRO D´OMBRE, puesta en escena. ESCOLANÍA CIUDAD DE CUENCA. ENSEMBLE 900 PRESENTE.

Il giardino della vita, JOSÉ MARÍA SÁNCHEZ-VERDÚ.

Aforo: 736 Asistencia: 60%

José María Sánchez-Verdú es uno de los compositores más prestigiosos del momento, el cual goza de reconocimiento dentro y fuera de nuestras fronteras, además de ser autor de partituras incuestionables. No es la primera vez que lo vemos presente en Cuenca y no vacilamos por ello en manifestar nuestro entusiasmo: desde Audioclásica, y en el contexto de la SMR, ya ha sido gratamente reseñado en ocasiones anteriores. Así, la programación de un concierto monográfico dedicado a él como apertura de la 56 edición del festival se vislumbraba como un acierto, todo un acontecimiento. Pero la circunstancia de que la obra elegida fuese una “ópera de cámara” involucraba más elementos aparte de la música del propio compositor, muchos de ellos fuera de su control. Con estas circunstancias, no nos íbamos a encontrar al Sánchez-Verdú en estado puro que esperábamos, al del Libro de Leonor, Atlas o el Elogio del Tránsito.

Il giardino de la vita es –como ya hemos dicho- un drama escénico en pequeño formato. A pesar de la denominación de “ópera de cámara” elegida por el autor de la partitura, en realidad no lo es, sino que sería más indicado hablar de melólogo o género unipersonal (entendido en el sentido histórico del término tan de moda durante finales del s XVII y hasta bien entrado el s.XVIII). El propio Sánchez-Verdú ha declarado que tal denominación es más certera, y quien conozca la obra, convendrá en ello ¿Qué razones existen para optar por tal calificativo? ¿De tipo comercial? Probablemente, pero centrémonos en el drama. La obra está concebida para una pequeña formación instrumental (piano y un pequeño grupo de cuerda enfrentado a otro de viento), una soprano y escolanía fuera de la escena, situados en las tribunas laterales del auditorio, un actor que declama, un bailarín-figurante y dos actores más que realizan una breve intervención. El punto de partida es el texto del poeta italiano Gilberto Isella. Aquí nos encontramos con el primer escollo, dado que el libreto traza un esbozo con una buena dosis lírica, pero sin el adecuado ritmo dramático, de la trayectoria vital del arquitecto Antoni Gaudí. Es difícil precisar el porqué tal libreto no termina de funcionar, aunque un uso pretendidamente sutil del lenguaje alegórico que termina siendo manifiestamente explícito, puede ser la razón. Quizá el hecho de ser una traducción del italiano al castellano pueda igualmente explicarlo, pero más parece un problema de contenido que de forma. Así pues, es difícil construir a partir de un escrito que carece de la necesaria solidez.

Otro de los fallos de la presentación (grave, muy grave) fue la decisión de amplificar a los actores y algunos de los músicos, pues se produjo un desastroso efecto que disociaba las fuentes sonoras: los músicos en un plano (en acústico) y los actores en otro (con el timbre empobrecido por la amplificación). Sobre este tema ya hemos hablado en alguna ocasión y volvemos a tomar prestado el tan descriptivo término de esquizofonía, acuñado con cierta ironía por autores como Schafer y Day. Además, teniendo en cuenta la plantilla instrumental y las dimensiones del auditorio, no creemos necesario recurrir a la tecnología para amplificar y, de ser realmente imprescindible, cabría plantearse entonces cuidadosamente en sucesivas ocasiones en qué escenario programar este giardino.

Por lo demás, hay que reconocer que el resto de elementos del montaje sorprendieron gratamente. La puesta en escena se podría calificar de parca y exuberante al mismo tiempo: sobre una tela izada tras un hermoso preludio coreográfico se proyectaron imágenes alusivas a la vida de Gaudí –a medio camino entre lo alegórico y lo explícito, en consonancia con el libreto- partícipes de la estética de la linterna mágica (de nuevo aludimos a la escena en pequeño formato de los siglos XVII y XVIII) o del teatro de sombras de algunas regiones asiáticas. Muy bello, y especial mención para la compañía Controluce. Teatro d´Ombre, aunque quizá pudo restar protagonismo a la música por exceso de presencia.

Y hablando de música, hay que decir que fue lo mejor de la velada. La partitura, que está construida con una relativa, pero efectiva economía de medios técnico-musicales, goza de los elementos propios del lenguaje de Sánchez-Verdú como pueden ser los barridos de armónicos, un magistral manejo de la espacialidad (atención al apoteósico final que nos dejó magníficamente desconcertados con unas envolventes campanas tubulares), un conocimiento profundo de los recursos de cada instrumento, etc. En el foso se encontraba el Ensemble 900 Presente, formación italiana que nació en el año 1999 en el contexto del Conservatorio della Svizzera italiana, especializada en el repertorio contemporáneo, y encargada del estreno en el Palazzo Congressi Lugano del montaje que nos ocupa en febrero del presente año. A la dirección, el mismísimo Arturo Tamayo, habitual colaborador de Sánchez-Verdú, quien supo exprimir el jugo tanto a la partitura como a los intérpretes. Capítulo aparte merece la Escolanía Ciudad de Cuenca, dirigida con una enorme profesionalidad por Carlos Lozano, quien mantuvo concentradísimas y expectantes a las jóvenes cantantes del coro. Desde luego, el público mostró una enorme efusividad en los aplausos, quizá por estar integrado por familiares y amigos, pero lo cierto es que su intervención fue impecable.

En suma: Il giardino della vita es un montaje interesante (y recomendable) a pesar de estar construido a partir de un texto no demasiado solvente, que goza de elementos visuales muy hermosos, y con una música que exhibe el sello de su autor, pese a estar relegada a un segundo plano ¡Cosas de la música incidental!

Por lo demás, fue una lástima comprobar que el auditorio se encontraba con una ocupación de poco más de la mitad de su capacidad, e ignoramos el porqué. Cierto es que la duración del concierto respecto al precio de las entradas resultó algo ajustada (cincuenta minutos por 25 y 30€), pero esto es algo que el público no conocía de antemano. Más apuntan las cosas al hecho de que la contemporánea en este país todavía genera recelos…

Raúl Jiménez.

*Fotografía, Santiago Torralba